REFLEXIÓN FINAL

 

 Lo primero en lo que reflexiono es que nunca imaginé que las clases para mí empezarían incluso antes de que para los demás lo hicieran. Estudiar, ir a la Débora Arango en vacaciones... fue una experiencia enriquecedora, donde se dieron los acercamientos para empezar a pensar y crear un concepto que más tarde llegó a convertirse en lo que hoy día es Nos tenemos que ir. 

 Tal y como me instruyeron grandes profesores de la Débora, y quienes me hicieron acompañamiento no solo a mí si no a otros compañeros, nos recomendaron y nos impulsaron por empezar a realizar algo técnico, fuera de temática. La idea era empezar a realizar mecánicas básicas que más tarde, una vez desarrollada la conceptualización, podrían adaptarse al molde técnico ya creado. Al principio he de admitir que sentí que era extraño esa forma de pensar, ¿cómo empezar a crear un proyecto si ni siquiera tengo idea de qué hacer? Tenía la noción de hacer algo relacionado con la cultura de Venezuela (idea que nació por una broma nacida en una de esas clases que se programaron en vacaciones), pero solo eso; qué iba a hacer, qué mecánicas iba a realizar sin tener ni idea de cómo iba a regir las reglas del juego me jugaron una broma pesada, pero confié con plenitud ante el consejo de realizar la parte técnica primero.

 Listo, ¿Qué íbamos a hacer? ¿Qué cosas nuevas íbamos a proponer para este cuarto semestre? Como habrán visto al principio de este blog, en el post de SOBRE MÍ, en tercer semestre se realizó en conjunto un proyecto que ganó un reconocimiento a Mejor Narrativa en el PFI. Básicamente,  Proyecto OASIS, había dejado la vara muy alto para ser el primer proyecto en forma de videojuego en el que trabajaba incluso como miembro de la célula técnica. Dejó huella el proyecto, por lo que no sabía qué iba a hacer, al menos para evitar que ese proyecto opacara lo que quería hacer ahora. Por ello nace la idea de un mando de PlayStation... ¿Qué más? ¡Ah, si! ¡El Kinect! Ambas tecnologías, mezcladas en una misma experiencia podrían ser una gran oportunidad de salir de la sombra que había creado el anterior proyecto.

 Y bueno, ahora llegados a la semana 16 de este maravilloso pero cansado semestre, Nos tenemos que ir se encuentra en la recta final para ser acabado. Ha sido un largo trayecto en el que lo he recorrido solo (obviamente con asesorías y ayudas de los profesores), sin un equipo conformado, todas las células de trabajo, convergiendo en mí: los apartados técnicos, audiovisuales, auditivos y visuales. Sinceramente, a veces reflexiono y pienso en lo que hizo posible Proyecto OASIS, y lo que se hizo, entre cuatro personas para la realización de ese proyecto, puede llegar a quedar corto con lo que propuse este semestre yo solo. No desprestigio el trabajo realizado con Proyecto OASIS, sin embargo, esto muestra la constante evolución humana que hay dentro de cada uno de nosotros, y en la mejora académica que hay cada vez que ascendemos en la carrera. 

 Ahora con el proyecto casi finalizando, su recta final, y a punto de ser presentado al público, puedo afirmar que ha sido un proyecto con un gran peso emocional, pues yo mismo me puse las metas; me encadené a la disciplina que hay que tener para realizar este tipo de proyectos, y con fuerza de voluntad y los sacrificios necesarios, saqué adelante todo lo que me había planteado. Ver el planteamiento de la idea, aunque antes realizando un apartado técnico, sin una dirección clara a la cual ir, empezar a darle forma, y al final, lograr ver el resultado, hace que se realcen más los pesos emocionales de estas construcciones artísticas.

 Nos tenemos que ir resultó ser una etapa crucial en mi vida, donde me di cuenta del propio potencial que tengo, y que a veces, la cantidad de personas puede llegar a ser una excusa para justificar un proyecto mal hecho cuando se está solo.

 Espero seguir sorprendiendo con futuros proyectos. 

 Espero y les haya gustado todo mi proceso creativo.

 Ahora si, podré descansar, y dormir 😅.




Comentarios

Entradas populares